Y, ¿CÓMO CONTARON QUE ERA EL PAÍS DE LAS HADAS?  

 

Todos insistieron que se encontraron en un lugar idílico, tanto, que cuando las hadas aún no se habían alejado de nosotros, muchos hombres valientes vivían en la frontera de estos reinos para disfrutar de su medio. Algunos no se atrevieron a cruzar la frontera, pero encandilados por el terreno, vivían próximos a ellas y se negaron a volver.  

 

En sus tierras no conocen ni el frío ni el calor, las sequías ni las heladas. El clima es templado, lo que propicia una vegetación variada, árboles frondosos, frutales colmados de fruta, jardines con flores de todos los colores y un aroma suave y delicado. Dicen que de día el sol luce de modo deslumbrante, de noche el brillo plateado de la luna ilumina la oscuridad. No conocen la enfermedad y el tiempo transcurre lentamente, tan lento, que casi se diría que no transcurre, por eso no se envejece, o se tarda mucho en envejecer. Según confesó en una ocasión un hada a un mortal, un día en este reino equivale a un año mortal. 

 

Muchas historias tratan de explicar la equivalencia del tiempo entre el País de las Hadas y el nuestro, como la siguiente: 

 

Hace muchos años un hombre fue raptado por las hadas y lo llevaron a su país. Como las hadas son generosas lo aceptaron bien, pero el hombre añoraba el lugar y las gentes que conoció. Un día fue tal la tristeza y la añoranza de su tierra que el hombre decidió escapar. Las hadas hicieron lo imposible por evitarlo y el hombre tuvo que superar muchas pruebas. Cuando ya las fuerzas casi le abandonaban se dio cuenta que lo había conseguido y que por fin había llegado al sitio que lo vio nacer, pero no lo conocía. Todo había cambiado. Llamó a las puertas de viejos amigos, pero nadie le abría, acudió a la casa donde había vivido durante años, pero ya no estaba, otra más moderna ocupaba su lugar. Sin él esperarlo habían pasado cientos y cientos de años de su partida y ya nadie lo conocía. 

 

   

 

FAUNA   

 

En este tranquilo lugar incluso la naturaleza tiene sus propios poderes. Los animales y árboles están protegidos por las hadas, por eso con tanta frecuencia yerran los disparos los cazadores.  

 

La fauna del País de las Hadas es muy variada. Cuentan que allí podemos encontrar la mayoría de los animales que pueblan nuestros bosques, como los ciervos, cabras, venados, pero también se descubren animales desconocidos nuestros ojos. Entre las distintas especies de animales que se descubren, unas son benéficas para el ser humano, al que conceden sabiduría o fecundidad, pero otras son salvajes y peligrosas. 

El empleo que hacen las hadas de los animales es similar al de los hombres: domestican los perros, los caballos, cuidan los rebaños, protegen los peces, etc., y, al igual que los humanos, también los domestican para que les acompañen y les ayuden.  

 

Uno de los animales más queridos por las hadas es el caballo, y entre los caballos prefieren los más pequeñitos, con los que participan en las cabalgatas, de las que hablaré más adelante. 

Además de estos pequeños caballos con los que asisten a los desfiles, otros caballos famosos en el País de las Hadas son unos acuáticos que dicen que tienen poderes sobrenaturales. Viven en el mar y, cuando llega el mes de noviembre,  salen a la superficie a galopar por playas y campos. Son los mejores corceles que podemos encontrar, de galope veloz y buena planta, por eso son tan apreciados entre los mortales.  Pero estos corceles encierran un gran peligro. Cuentan que si alguna vez te encuentras uno debes arrastrarlo hacia la tierra e impedir que se vuelva y mire el mar, porque si se revuelve y lo ve, arrastra con él todo lo que lleve. Muchos relatos cuentan historias de hombres que, montados en sus grupas, fueron conducidos violentamente hacia el mar hasta ser ahogados.  

 

Entre los animales domésticos el perro es uno de los favoritos de las hadas, que domestican para que les ayude con el rebaño y las acompañen en la caza, una de las aficiones preferidas de las hadas. Estos perros son fieles y su olfato es muy fino. A los perros de caza se les conoce como “los sabuesos de la colina”. Algunos hombres que contemplaron a una jauría de perros de caza contaron sorprendidos que estos perros tenían una apariencia nada normal, que su pelo era de un blanco resplandeciente, y sus orejas y ojos eran de color rojo. 

Pero no todos los perros del País de las Hadas han sido domesticados, algunos son violentos y salvajes. Entre los más conocidos por su fiereza destacan dos razas:  los “perros negros”, muy grandes y peludos que tienen el poder de estallar si alguien los golpea; y los temidos “sabuesos presumidos del diablo”, que en lugar de cazar animales cazan almas.  

 

Otro animal frecuente en los cuentos de hadas es el gato, que retratan como un animal muy inteligente. Muy conocidas son las artimañas urdidas por el gato con botas para ayudar a su amo a conseguir la riqueza. Por cierto, la primera versión española de este cuento de Perrault no se llamó El gato con botas, sino Micifuz el de las Botas, que es lo mismo pero no es igual. 

En algunos relatos el héroe se encuentra con gatos con caras de persona, que son siempre un mal augurio, y dicen que incluso existe un pueblo élfico que son gatos con rostros humanos.  

El gato y sus connotaciones también forma parte de nuestra cultura. Si nos cruzamos por la calle con un gato negro, todos sabemos que nos traerá mala suerte, y si lo lleva una bruja, además de astuto será malvado. En el País de las Hadas cuentan que hay un gato muy peligroso y terrorífico, conocido como “Orejas grandes”, que podemos hacerlo aparecer si lo invocamos.  

 

Otros animales, por el contrario, poseen poderes benéficos para el hombre, como un pez que dicen que al comerlo aumenta la fertilidad (no he logrado saber su nombre), o los salmones, que dan la sabiduría a quienes los comen y les permite ver el mundo élfico.  

 

Tampoco hay que olvidar la cantidad de aves que cruzan los cielos, como águilas y halcones, o la cantidad de animales que habitan nuestros bosques, como lobos, osos, cabras y ciervos, que también habitan en su mundo y están protegidos por las hadas. 

Una peculiaridad del mundo de las hadas es que muchos de sus habitantes pueden transformarse en animales, así podemos encontrar mujeres que son mitad pez, como las sirenas, doncellas focas, hadas que se transforman en serpientes, como Melusina, en cisnes, en palomas, etc. 

En los cuentos rusos es muy frecuente que los personajes se conviertan en animales, sobre todo en palomas, halcones y perros, con poderes sobrenaturales.  

 

   

 

FLORA 

 

Además de sus habitantes y animales, la flora también tiene un papel determinante en el País de las Hadas. Desde la más diminuta flor hasta el árbol más frondoso puede esconder un poder peculiar que lo hace mágico y diferente.  

En el cuidado de los bosques, las hadas ponen un empeño especial, sobre todo protegiendo los árboles, que son su morada predilecta; en ellos se esconden y arropan. Sus preferidos son los de mayor antigüedad, y entre los antiguos eligen el roble, el fresno y el espino. Estos árboles están protegidos por las hadas, por lo que se corre un gran peligro si se talan. Algunas historias cuentan cómo unos hombres trataban de talarlos, pero nunca lo lograban porque el hacha o la sierra se doblaba como si fuera de plastilina. En otras historias en el momento de talarlos se escuchaba un llanto o un grito que lo impedía. Algunos fueron imprudentes y lo intentaron, pero hoy no lo pueden contar.  

 

El roble es el árbol sagrado por excelencia y uno de los refugios preferidos por las hadas. Su madera es muy fuerte y durarera, por lo que éstas se sienten muy seguras en su interior. Hace ya mucho tiempo, los druidas le rindieron culto y creían que pertenecía a una antigua categoría de semidioses. 

 

El fresno es un árbol también muy estimado porque protege contra los malos espíritus. Cuentan que si te atreves a quemar una sola ramita de fresno en tu casa, la casa entera saldrá ardiendo.  

 

El otro árbol protegido es el espino, sobre todo el  espino blanco, que da a las hadas poderes mágicos. Si destruyes un espino, privas a las hadas de parte de su poder, por lo que éstas impedirán a cualquier precio que lo logres.  

Pero el poder de estos árboles aumenta si los encontramos juntos: dicen que  cuando un roble, un fresno y un espino crecen cerca, si se ata un hilo rojo que junte una rama de cada árbol, se crea una fuerte protección contra los malos espíritus.  

 

En el cuento La Bella Durmiente del Bosque de Perrault, la princesita cayó dormida cuando se pinchó con el huso de hilar. Junto a ella se encontraba el hada que la había protegido desde su nacimiento y, para que no se encontrara sola cuando despertase, decidió encantar todo el castillo con sus habitantes dentro. Ante el encantamiento, alrededor del castillo, se formó una alta muralla de espinos y zarzamoras entrelazadas que sólo el príncipe pudo cruzar. Así el espino cumple la función de proteger el interior del castillo de las miradas curiosas, y el príncipe será el único que pueda atravesarlo.   

 

El saúco es otro árbol venerado por las hadas, sobre todo porque con las bayas de este árbol se elaboran vinos y mermeladas. También es un árbol sagrado. En Inglaterra y en Dinamarca estaban convencidos de que  los saúcos albergaban a un espíritu guardián, que protegía hasta tal extremo el árbol, que había que pedirle permiso para recoger las bayas. Si alguien se atrevía a cortar un saúco, su osadía atraería las enfermedades, que acabarían con su ganado o le traerían la muerte. Para los irlandeses los saúcos son brujas transformadas, por lo que el peligro de talarlos aumenta. 

 

El acebo ya era un árbol sagrado para los celtas. Las distintas culturas siempre lo han considerado protector, e incluso es frecuente decorar la casa con macetas de acebo en Navidad, como símbolo de paz en el hogar. Es un árbol pequeño, con un fruto de color rojo vivo, que en invierno constituye una parte importante de la dieta de muchos mamíferos. En el mundo de las hadas hay una gran diferencia entre  encontrarlo con bayas, que tendría una gran potencia benéfica, o encontrarlo sin ellas, pues entonces sería malévolo y peligroso. 

 

Los árboles frutales también adornan el País de las hadas. Entre éstos el avellano y el manzano destacan sobre los demás por sus virtudes mágicas. No debe extrañarnos que el avellano sea uno de los árboles frutales frecuentes en el País de las Hadas: primero porque crece en regiones templadas, y recordemos el fantástico clima de este sitio; segundo porque su fruto, la avellana, contiene una sola semilla de sabor muy agradable, y ya sabemos la afición de las hadas por los dulces. Pero, mortales, tened mucho cuidado con lo que hacéis a la sombra de un avellano, porque dicen que aumenta la fertilidad. De este árbol también se cuenta que concede sabiduría al mortal que lo come.  

 

En cuanto a las manzanas, a nadie sorprende sus cualidades mágicas, porque en nuestra cultura ha sido la fruta más repetida asociada siempre a la belleza, el poder y la juventud. En la cultura occidental abundan las historias, leyendas  y cuentos en que la manzana es el centro del relato, con un enorme poder, capaz incluso de cambiar la historia de los hombres. 

Los griegos y los romanos ya apreciaban esta fruta y en asentamientos prehistóricos descubiertos en los lagos suizos se han hallado restos carbonizados de manzanas. 

En la Biblia la manzana era la fruta prohibida. En el Edén el hombre podía comer de cualquier árbol, menos de la manzana, porque el manzano era el árbol del saber, el árbol que descubría al hombre que estaba desnudo y le hacía esconderse, era el árbol del conocimiento y del dolor, símbolo de la desobediencia del hombre y origen del castigo divino. Por morder la manzana perdimos el Paraíso y la inocencia.  

En la literatura griega tampoco se olvidaron del poder de la manzana. Homero, en su Ilíada, nos narró la historia de “la manzana de la discordia”, causante de la guerra de Troya. Eris, diosa de la discordia, enojada por no haber sido invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó en medio del banquete una manzana de oro destinada a la diosa más hermosa. Como Zeus se negó a elegir, las tres diosas más bellas, Hera, Atenea y Afrodita, le pidieron a Paris que eligiera a la más hermosa. Cada diosa trató de sobornar a Paris para que la escogiera,  y finalmente Paris eligió a Afrodita, que le prometió que si la escogía tendría a la mujer más bella  del mundo, Helena de Troya. Una vez que Afrodita fue elegida persuadió a Helena para que se fugara con Paris. El famoso rapto de Helena fue el causante de la Guerra de Troya. Aquí la manzana no expulsa del paraíso, pero provoca una guerra.  

En Blancanieves la manzana es el instrumento de la venganza de la bruja. Nuevamente esta fruta es considerada símbolo de la belleza. En este cuento la malvada bruja se enfada porque el espejo le dice que ella no es la más bella, puesto que la más bella es Blancanieves. La envidia despertó en ella deseos de matar a la joven, y como no pudo, escogió esta fruta para envenenarla. Todos estos relatos tienen en común el poder mágico de la manzana.  

 

En el mundo de las hadas también se les asocia un poder peligroso. Si cometes el error de dormir profundamente bajo un manzano, puede suceder que las hadas te descubran antes de que despiertes y te lleven con ellas. Otra advertencia sobre los manzanos es que cuando recojas fruta, nunca debes arrancar la última del árbol, porque las hadas odian a las personas avarientas que lo quieren todo para sí, y el espíritu del manzano podría vengarse y no dar fruta para la cosecha siguiente. 

 

Pero son las flores las verdaderas reinas del País de las Hadas, que adornan los valles con sus colores y traen la paz al lugar con sus aromas. Para las hadas chiquitas las flores son su casa, escondiéndose para jugar entre las hojas de una campanilla o bajo las hojas de los abedules. En ellas duermen y con ellas juegan.  

 

Las hadas, como todos los seres de las naturaleza, conocen los poderes mágicos de las plantas, que utilizan para sus brebajes. Entre las flores más poderosas se encuentra el trébol de cuatro hojas, capaz de romper los hechizos. Para los solitarios, nada mejor que el pensamiento, remedio infalible en los filtros de amor. Si alguien desea protegerse contra el diablo, le basta con llevar consigo una hierba de San Juan, de gran poder benéfico.  

 

Más peligrosa que éstas es la campánula. Nunca debemos cortar un roble porque nos caerá un gran peligro, pero si el roble que talamos está rodeado de campánulas, el castigo aumentará. En muchos lugares se llega a contar que las brujas elaboran sus hechizos en los bosques de campánulas.  

 

Otra planta siempre presente en los cuentos infantiles y en los dibujos animados es la seta, refugio de los seres pequeños, gnomitos y haditas. Las setas crecen, sobre todo, al pie de los robles, con quien mantienen una relación muy peculiar: las setas dependen del árbol para obtener energía y, a cambio, ayudan al árbol a obtener nutrientes del suelo y protegen sus raicillas de ciertas enfermedades. Sin muchas de estas setas, como las micorrizas, los robles no podrían sobrevivir ni desarrollarse, pero los hongos tampoco podrían existir sin los árboles. Las setas también contribuyen al colorido del lugar con sus sombreros de llamativos colores.