hadas


 

   DESCRIPCIÓN FÍSICA DE LAS HADAS                           

 
Generalizar en una descripción que aúne a muchos seres siempre conduce a un gran error. Decir que los hombres soló piensan en lo mismo, las mujeres conducen mal, los andaluces son catetos, los catalanes agarrados, los madrileños unos chulos (y podéis añadir lo que se os ocurra), no es más que una sarta de disparates. Incluso aunque uno de esos seres cumpliera la condición que le asignamos, y aunque coincidieran dos, y aunque generalmente se cumpliera, cada afirmación no deja de ser un tópico. (…) Temo decir que generalizaré en este capítulo, pero apoyándome en los rasgos más genéricos. Aquellas características que sean excluyentes y considere que no se cumplen en todas o en la mayoría de las hadas, las dejaré para cuando hable de ellas de modo individual.   
 

Creo que no me equivoco demasiado si juzgo como primer rasgo común que las hadas son seres femeninos. Es cierto que su naturaleza no es tan estable o tangible como la del hombre, por lo que escojo el término de “espíritu femenino para designarlas. En las hadas, a diferencia de los hombres, no podemos hablar de tamaños, edades o estatura, sino de aspecto.
 

Una de sus características más nombradas es la capacidad que tienen de cambiar de apariencia. Normalmente suelen elegir para presentarse la apariencia humana, y es bajo esta figura cuando protagonizan las historias de amor con mortales, aunque también pueden adoptar aspecto animal o vegetal. Las mujeres del río pueden convertirse en pez o medio-pez, las selkies en focas, o Melusina en serpiente. Otras, sin embargo, prefieren las plantas, convirtiéndose en flores y árboles.
 

Algunas teorías insisten en que no son ellas las que eligen poder cambiar de apariencia, sino que es nuestra mirada la que hace que las veamos de un modo u otro. No estoy de acuerdo con esta postura, puesto que si nos apoyamos en los relatos, comprobamos cómo en la mayoría de los casos son ellas las que en un momento concreto eligen su aspecto para darle una lección a los hombres o burlarse de ellos.
 

Relatos de distintas culturas coinciden en contar la historia de dos hermanas, una de buen corazón y otra sin sentimientos, que por cualquier motivo se ven envueltas en una aventura. Se les aparece un hada o un ser mágico y la buena reacciona de forma generosa y por ello es recompensada, mientras que la mala se muestra injusta y desprecia a este ser, siendo castigada. Uno de los autores que han tratado este tema en sus relatos fue Perrault, en su cuento Las Hadas. Su versión es una más entre las que hay, pero elijo para resumir la suya porque es la más conocida. Lo que viene a continuación es una variación mía de su relato, pero os aconsejo leer el de Perrault. Siempre hay que leer al maestro.  
 

Érase una vez una viuda que tenía dos hijas, tan diferentes entre sí que nadie diría que eran hermanas. De la más pequeña decían los que la conocían que era el vivo retrato de su padre, generosa y obediente, y más dulce que un terrón de azúcar. La mayor no podía negar que era digna hija de su madre, siempre con el ceño fruncido y de mal humor. Egoísta, altanera, creía que se lo merecía todo, y así le fue.
Cada día, muy de mañana, la hija menor se levantaba temprano, cogía su cántaro e iba a por agua a la fuente. La pobre nunca se quejaba, aunque tenía que andar más de media legua de camino para llegar.
Uno de esos días, cuando ya había llenado el cántaro y se volvía a casa, se le acercó una anciana que le pidió de beber:
- Tome, señora, beba usted cuanto quiera, que ahora yo lo lleno de nuevo.
Y la anciana bebió.
- Veo que además de hermosa tienes buen corazón. Te concedo un deseo: cada vez que pronuncies una palabra, de tu boca saldrán diamentes y piedras preciosas.
Pero la mujer no era una mujer cualquiera, era un hada disfrazada que quería conocer los verdaderos sentimientos de la joven.
La niña volvió muy contenta a casa, y nada más llegar le contó a la madre lo que le había ocurrido. Las piedras preciosas brotaban de su boca ante el asombro de su madre. Le faltó poco tiempo a la madre para llamar a la otra hija y decirle:
- ¿Has visto a tu hermana? Ya puedes ir a la fuente a por agua, y si una vieja te pide agua se la das amablemente.

Ahora voy a contar un cuento donde los animales tienen un papel importante.  

 

Érase una vez un matrimonio que deseaba tener un hijo, pero hasta su vejez no se vieron recompensados por ese milagro, y ya muy mayores, la mujer dio a luz a una hermosa hija. La niña creció feliz protegida por sus padres, pero al cumplir los dieciséis años se enamoró del joven mozo que jugaba de niño con ella, y que ahora ayudaba a su padre en las caballerizas. El joven tenía su misma edad y era un muchacho fuerte y valiente. El muchacho hacía mucho tiempo que miraba a escondidas a su amiguita de juegos, y un buen día ocurrió que se enamoraron. El chico sabía que la niña le correspondía, así que decidió ponerse su mejor traje y entrar en casa de la joven para pedírsela a su padre en matrimonio. Los padres querían mucho al muchacho, pero nunca imaginaron que se atreviera a ofrecerse como yerno, y reaccionaron echándole de casa. Cuando la niña vio que sus padres habían echado a su amor, corrió a encerrarse en su habitación, llorando durante días sin querer escuchar a nadie. Los padres trataron de convencerla para que saliera de su habitación, pero ella se negaba. Muy enfadada le gritó su madre: 

- ¿Cómo es posible que te hayas fijado en nuestro criado?¿no comprendes que puedes aspirar a un noble caballero y éste no tiene dónde caerse muerto? Antes prefiriría que te perdieras en la selva más profunda a que te casaras con este palurdo. 

Y tal como había dicho su madre, la joven desapareció. 

Los padres sufrían sin saber dónde estaba su hija. La buscaron por la casa, por el establo, entre los árboles, pero parecía que se la había tragado la tierra. Noche y día lloraban los padres desconsolados buscándola por todos lados, pero no por eso aparecía.  

A la mañana siguiente, poco antes de que amaneciera, el muchacho se presentó en la casa de la joven y, con todo respeto, les pidió que le dejaran buscarla. Les dijo que la amaba terriblemente, y que nunca dejaría que a su hija le pasara nada. Los padres miraron al muchacho, le dieron el mejor caballo de la cuadra, una espada y una pequeña bolsa con algunos alimentos para que pasara el día, y le hicieron una promesa: 

- Si la encuentras y logras traerla sana y salva, nos hará felices que te cases con ella.  

El muchacho asintió agradecido, montó en el caballo y se encaminó hacia el bosque. A medida que se adentraba en su interior, la maleza aumentaba convirtiéndose en una selva profunda que no tenía fin, aunque a lo lejos, al fondo, un hermoso palacio se alzaba. Ilusionado inició el joven el viaje, desconociendo los grandes peligros que le amenazaban en la selva. 

El muchacho continuó durante horas cruzando árboles y árboles, sin encontrar a nadie en el camino, hasta que llegó a una cueva en la que un ermitaño descansaba junto a un león, tan dócil como un perro. 

     - ¡Por fin llegaste! Te esperaba. Sé a lo que vienes y es una causa justa. Siéntate conmigo a comer y descansa esta noche, que mañana te diré cómo puedes seguir. 

Agradecido el joven se sentó, comió los alimentos del ermitaño y descansó hasta la mañana siguiente. 

     - Levántate, joven, que ya es hora de partir. Caminarás en aquella dirección, pero no te preocupes, porque al caer el sol encontrarás a otro ermitaño como yo. Obedece todo lo que diga, porque también querrá ayudarte. Y tú, león mío, acompaña a nuestro amigo, que te necesitará. 

Y así lo hizo el muchacho, partió después de dar gracias al ermitaño e inició de nuevo su camino acompañado por el león. Las horas pasaban y pasaban, el sol aumentaba su cansancio, y el caballo y el león querían descansar. Cuando el sol empezaba a ponerse descubrió una cueva, se acercó con cautela y descubrió a otro ermitaño, acompañado éste por un enorme tigre, que más parecía un tierno gatito.  

    - ¡Por fin llegaste! Te esperaba. Sé a lo que vienes, y es una causa justa. Siéntate conmigo a comer y descansa esta noche, que mañana te diré cómo puedes seguir. 

De nuevo el joven sonrió agradecido, se sentó, comió los alimentos y descansó hasta la mañana siguiente. 

    - Levántate, joven, que ya es hora de partir. Caminarás en aquella dirección, pero no te preocupes, porque al caer el sol encontrarás lo que buscas. Y tú, tigre mío, acompaña a nuestro amigo, que te necesitará 

 

Y contentos iban los cuatro: el joven, su caballo, el león y el tigre. Ya llevaban andando unas cuantas horas cuando vieron un río limpio cruzado por un puente, pero no podían llegar allí porque un vado cortaba el camino. Iban a cruzarlo cuando un enorme gigante los detuvo: 

    - ¿A dónde te crees que vas tan rápido? ¿Qué es lo que buscas aquí? 

    - Pasar. 

    - Pues no pasarás. 

    - Por mi amada pasaré, aunque sea sobre ti. 

Rápidamente el tigre, el león, y el joven a caballo, pasaron por debajo del gigante, que al ser más grande era más torpe y lento, y cuando fue a golpearlos, por la fuerza de su impulso, se golpeó a sí mismo y cayó de cabeza al río.  

De nuevo iban los cuatro amigos por el camino, siguiendo el sendero cuando se encontraron una pequeña choza entre los árboles. De su interior salió una vieja arrugada y de mal humor que se cruzó en el camino y le dijo:    

    - ¿A dónde te crees que vas tan rápido? ¿Qué es lo que buscas aquí? 

   - Pasar. 

   - Pues no pasarás. 

   - Por mi amada pasaré, aunque sea sobre ti. 

La vieja se volvió al interior de la casa y los amigos seguían alegremente cuando escucharon que la vieja emitía un silbido agudo y estridente. A sus espaldas diez perros negros de ojos rojos empezaban la persecución.  

El león y el tigre se miraron, el león se dirigió a los perros hiriéndolos con toda la furia de la que era capaz, mientras el tigre mordía a la bruja que gritaba pidiendo ayuda, pero no le sirvió de nada, porque cayó muerta. Luego el tigre corrió en busca del león, que todavía luchaba contra los perros, y entre los dos los fueron matando uno a uno. 

Y continuaron su camino. La selva se cerraba cada vez más, la noche iba cayendo, los árboles parecían emitir sonidos, las hojas susurros. Siguieron adelante cuando vieron que se abría un claro en el camino, y allí detrás, vieron el hermoso palacio y, en uno de sus balcones, la amada estaba asomada.  

Con el corazón encogido el muchacho corrió a las puertas, cuando de pronto empezaron a salir guardianes de todos lados. Los animales luchaban contra los soldados mientras el joven buscaba una escalera. Al otro lado del palacio, una de cuerda caía, y allá que subía el muchacho mientras el león y el tigre intentaban frenar a los guardianes. Subió el muchacho entre el griterío de las voces, los rugidos del tigre y del león y los relinchos del caballo. Más arriba escaló el joven, hasta que llegó a un balcón donde la joven se encontraba. Se abrazó a ella y la besó. Con el primer beso cesó el ruido, con el segundo el palacio  apareció rodeado por un campo de amapolas, donde cayeron dormidos por el cansancio. Una vez repuestos, iniciaron el camino de regreso a casa, donde sus padres los esperaban para cumplir su promesa. Y cuentan que los jóvenes se casaron y siempre fueron felices.  

Y, ¿CÓMO CONTARON QUE ERA EL PAÍS DE LAS HADAS?  

 

Todos insistieron que se encontraron en un lugar idílico, tanto, que cuando las hadas aún no se habían alejado de nosotros, muchos hombres valientes vivían en la frontera de estos reinos para disfrutar de su medio. Algunos no se atrevieron a cruzar la frontera, pero encandilados por el terreno, vivían próximos a ellas y se negaron a volver.  

 

En sus tierras no conocen ni el frío ni el calor, las sequías ni las heladas. El clima es templado, lo que propicia una vegetación variada, árboles frondosos, frutales colmados de fruta, jardines con flores de todos los colores y un aroma suave y delicado. Dicen que de día el sol luce de modo deslumbrante, de noche el brillo plateado de la luna ilumina la oscuridad. No conocen la enfermedad y el tiempo transcurre lentamente, tan lento, que casi se diría que no transcurre, por eso no se envejece, o se tarda mucho en envejecer. Según confesó en una ocasión un hada a un mortal, un día en este reino equivale a un año mortal. 

 

Muchas historias tratan de explicar la equivalencia del tiempo entre el País de las Hadas y el nuestro, como la siguiente: 

 

Hace muchos años un hombre fue raptado por las hadas y lo llevaron a su país. Como las hadas son generosas lo aceptaron bien, pero el hombre añoraba el lugar y las gentes que conoció. Un día fue tal la tristeza y la añoranza de su tierra que el hombre decidió escapar. Las hadas hicieron lo imposible por evitarlo y el hombre tuvo que superar muchas pruebas. Cuando ya las fuerzas casi le abandonaban se dio cuenta que lo había conseguido y que por fin había llegado al sitio que lo vio nacer, pero no lo conocía. Todo había cambiado. Llamó a las puertas de viejos amigos, pero nadie le abría, acudió a la casa donde había vivido durante años, pero ya no estaba, otra más moderna ocupaba su lugar. Sin él esperarlo habían pasado cientos y cientos de años de su partida y ya nadie lo conocía. 

 

   

 

FAUNA   

 

En este tranquilo lugar incluso la naturaleza tiene sus propios poderes. Los animales y árboles están protegidos por las hadas, por eso con tanta frecuencia yerran los disparos los cazadores.  

 

La fauna del País de las Hadas es muy variada. Cuentan que allí podemos encontrar la mayoría de los animales que pueblan nuestros bosques, como los ciervos, cabras, venados, pero también se descubren animales desconocidos nuestros ojos. Entre las distintas especies de animales que se descubren, unas son benéficas para el ser humano, al que conceden sabiduría o fecundidad, pero otras son salvajes y peligrosas. 

El empleo que hacen las hadas de los animales es similar al de los hombres: domestican los perros, los caballos, cuidan los rebaños, protegen los peces, etc., y, al igual que los humanos, también los domestican para que les acompañen y les ayuden.  

 

Uno de los animales más queridos por las hadas es el caballo, y entre los caballos prefieren los más pequeñitos, con los que participan en las cabalgatas, de las que hablaré más adelante. 

Además de estos pequeños caballos con los que asisten a los desfiles, otros caballos famosos en el País de las Hadas son unos acuáticos que dicen que tienen poderes sobrenaturales. Viven en el mar y, cuando llega el mes de noviembre,  salen a la superficie a galopar por playas y campos. Son los mejores corceles que podemos encontrar, de galope veloz y buena planta, por eso son tan apreciados entre los mortales.  Pero estos corceles encierran un gran peligro. Cuentan que si alguna vez te encuentras uno debes arrastrarlo hacia la tierra e impedir que se vuelva y mire el mar, porque si se revuelve y lo ve, arrastra con él todo lo que lleve. Muchos relatos cuentan historias de hombres que, montados en sus grupas, fueron conducidos violentamente hacia el mar hasta ser ahogados.  

 

Entre los animales domésticos el perro es uno de los favoritos de las hadas, que domestican para que les ayude con el rebaño y las acompañen en la caza, una de las aficiones preferidas de las hadas. Estos perros son fieles y su olfato es muy fino. A los perros de caza se les conoce como “los sabuesos de la colina”. Algunos hombres que contemplaron a una jauría de perros de caza contaron sorprendidos que estos perros tenían una apariencia nada normal, que su pelo era de un blanco resplandeciente, y sus orejas y ojos eran de color rojo. 

Pero no todos los perros del País de las Hadas han sido domesticados, algunos son violentos y salvajes. Entre los más conocidos por su fiereza destacan dos razas:  los “perros negros”, muy grandes y peludos que tienen el poder de estallar si alguien los golpea; y los temidos “sabuesos presumidos del diablo”, que en lugar de cazar animales cazan almas.  

 

Otro animal frecuente en los cuentos de hadas es el gato, que retratan como un animal muy inteligente. Muy conocidas son las artimañas urdidas por el gato con botas para ayudar a su amo a conseguir la riqueza. Por cierto, la primera versión española de este cuento de Perrault no se llamó El gato con botas, sino Micifuz el de las Botas, que es lo mismo pero no es igual. 

En algunos relatos el héroe se encuentra con gatos con caras de persona, que son siempre un mal augurio, y dicen que incluso existe un pueblo élfico que son gatos con rostros humanos.  

El gato y sus connotaciones también forma parte de nuestra cultura. Si nos cruzamos por la calle con un gato negro, todos sabemos que nos traerá mala suerte, y si lo lleva una bruja, además de astuto será malvado. En el País de las Hadas cuentan que hay un gato muy peligroso y terrorífico, conocido como “Orejas grandes”, que podemos hacerlo aparecer si lo invocamos.  

 

Otros animales, por el contrario, poseen poderes benéficos para el hombre, como un pez que dicen que al comerlo aumenta la fertilidad (no he logrado saber su nombre), o los salmones, que dan la sabiduría a quienes los comen y les permite ver el mundo élfico.  

 

Tampoco hay que olvidar la cantidad de aves que cruzan los cielos, como águilas y halcones, o la cantidad de animales que habitan nuestros bosques, como lobos, osos, cabras y ciervos, que también habitan en su mundo y están protegidos por las hadas. 

Una peculiaridad del mundo de las hadas es que muchos de sus habitantes pueden transformarse en animales, así podemos encontrar mujeres que son mitad pez, como las sirenas, doncellas focas, hadas que se transforman en serpientes, como Melusina, en cisnes, en palomas, etc. 

En los cuentos rusos es muy frecuente que los personajes se conviertan en animales, sobre todo en palomas, halcones y perros, con poderes sobrenaturales.  

 

   

 

FLORA 

 

Además de sus habitantes y animales, la flora también tiene un papel determinante en el País de las Hadas. Desde la más diminuta flor hasta el árbol más frondoso puede esconder un poder peculiar que lo hace mágico y diferente.  

En el cuidado de los bosques, las hadas ponen un empeño especial, sobre todo protegiendo los árboles, que son su morada predilecta; en ellos se esconden y arropan. Sus preferidos son los de mayor antigüedad, y entre los antiguos eligen el roble, el fresno y el espino. Estos árboles están protegidos por las hadas, por lo que se corre un gran peligro si se talan. Algunas historias cuentan cómo unos hombres trataban de talarlos, pero nunca lo lograban porque el hacha o la sierra se doblaba como si fuera de plastilina. En otras historias en el momento de talarlos se escuchaba un llanto o un grito que lo impedía. Algunos fueron imprudentes y lo intentaron, pero hoy no lo pueden contar.  

 

El roble es el árbol sagrado por excelencia y uno de los refugios preferidos por las hadas. Su madera es muy fuerte y durarera, por lo que éstas se sienten muy seguras en su interior. Hace ya mucho tiempo, los druidas le rindieron culto y creían que pertenecía a una antigua categoría de semidioses. 

 

El fresno es un árbol también muy estimado porque protege contra los malos espíritus. Cuentan que si te atreves a quemar una sola ramita de fresno en tu casa, la casa entera saldrá ardiendo.  

 

El otro árbol protegido es el espino, sobre todo el  espino blanco, que da a las hadas poderes mágicos. Si destruyes un espino, privas a las hadas de parte de su poder, por lo que éstas impedirán a cualquier precio que lo logres.  

Pero el poder de estos árboles aumenta si los encontramos juntos: dicen que  cuando un roble, un fresno y un espino crecen cerca, si se ata un hilo rojo que junte una rama de cada árbol, se crea una fuerte protección contra los malos espíritus.  

 

En el cuento La Bella Durmiente del Bosque de Perrault, la princesita cayó dormida cuando se pinchó con el huso de hilar. Junto a ella se encontraba el hada que la había protegido desde su nacimiento y, para que no se encontrara sola cuando despertase, decidió encantar todo el castillo con sus habitantes dentro. Ante el encantamiento, alrededor del castillo, se formó una alta muralla de espinos y zarzamoras entrelazadas que sólo el príncipe pudo cruzar. Así el espino cumple la función de proteger el interior del castillo de las miradas curiosas, y el príncipe será el único que pueda atravesarlo.   

 

El saúco es otro árbol venerado por las hadas, sobre todo porque con las bayas de este árbol se elaboran vinos y mermeladas. También es un árbol sagrado. En Inglaterra y en Dinamarca estaban convencidos de que  los saúcos albergaban a un espíritu guardián, que protegía hasta tal extremo el árbol, que había que pedirle permiso para recoger las bayas. Si alguien se atrevía a cortar un saúco, su osadía atraería las enfermedades, que acabarían con su ganado o le traerían la muerte. Para los irlandeses los saúcos son brujas transformadas, por lo que el peligro de talarlos aumenta. 

 

El acebo ya era un árbol sagrado para los celtas. Las distintas culturas siempre lo han considerado protector, e incluso es frecuente decorar la casa con macetas de acebo en Navidad, como símbolo de paz en el hogar. Es un árbol pequeño, con un fruto de color rojo vivo, que en invierno constituye una parte importante de la dieta de muchos mamíferos. En el mundo de las hadas hay una gran diferencia entre  encontrarlo con bayas, que tendría una gran potencia benéfica, o encontrarlo sin ellas, pues entonces sería malévolo y peligroso. 

 

Los árboles frutales también adornan el País de las hadas. Entre éstos el avellano y el manzano destacan sobre los demás por sus virtudes mágicas. No debe extrañarnos que el avellano sea uno de los árboles frutales frecuentes en el País de las Hadas: primero porque crece en regiones templadas, y recordemos el fantástico clima de este sitio; segundo porque su fruto, la avellana, contiene una sola semilla de sabor muy agradable, y ya sabemos la afición de las hadas por los dulces. Pero, mortales, tened mucho cuidado con lo que hacéis a la sombra de un avellano, porque dicen que aumenta la fertilidad. De este árbol también se cuenta que concede sabiduría al mortal que lo come.  

 

En cuanto a las manzanas, a nadie sorprende sus cualidades mágicas, porque en nuestra cultura ha sido la fruta más repetida asociada siempre a la belleza, el poder y la juventud. En la cultura occidental abundan las historias, leyendas  y cuentos en que la manzana es el centro del relato, con un enorme poder, capaz incluso de cambiar la historia de los hombres. 

Los griegos y los romanos ya apreciaban esta fruta y en asentamientos prehistóricos descubiertos en los lagos suizos se han hallado restos carbonizados de manzanas. 

En la Biblia la manzana era la fruta prohibida. En el Edén el hombre podía comer de cualquier árbol, menos de la manzana, porque el manzano era el árbol del saber, el árbol que descubría al hombre que estaba desnudo y le hacía esconderse, era el árbol del conocimiento y del dolor, símbolo de la desobediencia del hombre y origen del castigo divino. Por morder la manzana perdimos el Paraíso y la inocencia.  

En la literatura griega tampoco se olvidaron del poder de la manzana. Homero, en su Ilíada, nos narró la historia de “la manzana de la discordia”, causante de la guerra de Troya. Eris, diosa de la discordia, enojada por no haber sido invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó en medio del banquete una manzana de oro destinada a la diosa más hermosa. Como Zeus se negó a elegir, las tres diosas más bellas, Hera, Atenea y Afrodita, le pidieron a Paris que eligiera a la más hermosa. Cada diosa trató de sobornar a Paris para que la escogiera,  y finalmente Paris eligió a Afrodita, que le prometió que si la escogía tendría a la mujer más bella  del mundo, Helena de Troya. Una vez que Afrodita fue elegida persuadió a Helena para que se fugara con Paris. El famoso rapto de Helena fue el causante de la Guerra de Troya. Aquí la manzana no expulsa del paraíso, pero provoca una guerra.  

En Blancanieves la manzana es el instrumento de la venganza de la bruja. Nuevamente esta fruta es considerada símbolo de la belleza. En este cuento la malvada bruja se enfada porque el espejo le dice que ella no es la más bella, puesto que la más bella es Blancanieves. La envidia despertó en ella deseos de matar a la joven, y como no pudo, escogió esta fruta para envenenarla. Todos estos relatos tienen en común el poder mágico de la manzana.  

 

En el mundo de las hadas también se les asocia un poder peligroso. Si cometes el error de dormir profundamente bajo un manzano, puede suceder que las hadas te descubran antes de que despiertes y te lleven con ellas. Otra advertencia sobre los manzanos es que cuando recojas fruta, nunca debes arrancar la última del árbol, porque las hadas odian a las personas avarientas que lo quieren todo para sí, y el espíritu del manzano podría vengarse y no dar fruta para la cosecha siguiente. 

 

Pero son las flores las verdaderas reinas del País de las Hadas, que adornan los valles con sus colores y traen la paz al lugar con sus aromas. Para las hadas chiquitas las flores son su casa, escondiéndose para jugar entre las hojas de una campanilla o bajo las hojas de los abedules. En ellas duermen y con ellas juegan.  

 

Las hadas, como todos los seres de las naturaleza, conocen los poderes mágicos de las plantas, que utilizan para sus brebajes. Entre las flores más poderosas se encuentra el trébol de cuatro hojas, capaz de romper los hechizos. Para los solitarios, nada mejor que el pensamiento, remedio infalible en los filtros de amor. Si alguien desea protegerse contra el diablo, le basta con llevar consigo una hierba de San Juan, de gran poder benéfico.  

 

Más peligrosa que éstas es la campánula. Nunca debemos cortar un roble porque nos caerá un gran peligro, pero si el roble que talamos está rodeado de campánulas, el castigo aumentará. En muchos lugares se llega a contar que las brujas elaboran sus hechizos en los bosques de campánulas.  

 

Otra planta siempre presente en los cuentos infantiles y en los dibujos animados es la seta, refugio de los seres pequeños, gnomitos y haditas. Las setas crecen, sobre todo, al pie de los robles, con quien mantienen una relación muy peculiar: las setas dependen del árbol para obtener energía y, a cambio, ayudan al árbol a obtener nutrientes del suelo y protegen sus raicillas de ciertas enfermedades. Sin muchas de estas setas, como las micorrizas, los robles no podrían sobrevivir ni desarrollarse, pero los hongos tampoco podrían existir sin los árboles. Las setas también contribuyen al colorido del lugar con sus sombreros de llamativos colores.  

¿EXISTE EL PAÍS DE LAS HADAS? 

 

 

(…) Al principio de los tiempos, los hombres y las hadas compartían un mismo medio. Luego llegaron los avances técnicos, la civilización, el ruido y las carreteras. Poco a poco el hombre se fue alejando de la naturaleza, y también de las hadas, que se vieron obligadas a refugiarse en otros lugares. Así, unas asentaron sus reinos bajos las colinas o dentro de cuevas, otras construyeron palacios de cristal bajo los ríos o en el interior de los océanos, otras se escondieron en las fuentes, otras entre los bosques, separando su mundo del de los hombres y rompiendo paulatinamente toda comunicación. 

 

No tuvieron mal gusto las hadas para ir a refugiarse, pues escogieron el norte de Europa, sobre todo las costas y lagos escoceses, las colinas irlandesas, los bosques daneses, incluso zonas del norte de Francia. Con esto no quiero decir que no las podamos encontrar en otros lugares, sólo que la mayoría de los relatos de hadas se sitúan en estas zonas.  

 

Un precioso relato irlandés nos describe las colinas en las que vivía un rey elfo: 

 

Hace muchos años un rey elfo se quedó prendado de la joven Ethna, según decían todos la muchacha más hermosa de la tierra. La muchacha vivía feliz en Irlanda, donde preparaba con ilusión su boda con un elegante noble. Todos los amigos y conocidos de la joven acudieron a la fiesta que celebraron la noche de su boda y contaron que ella y su marido bailaban en el salón regalándose tiernas miradas. La casa estaba adornada con guirnalda de colores y miles de luces iluminaban el salón. Ethna sonreía a su marido mientras bailaba, pero de pronto, un torpe traspiés dio con la joven al suelo. Se formó un gran revuelo y todos rodearon a la novia, pero ésta no volvía en sí. Su marido, muy preocupado, la tomó en sus brazos y se la llevó a su alcoba, donde pasó toda la noche poniéndole paños mojados en su frente.  

A la mañana siguiente, con el primer rayo de sol, la joven despertó. 

- ¡Qué extraño sueño he tenido! Vivía en un hermoso palacio donde era muy, muy feliz. Muchas personas me rodeaban y yo era la dama de un importante rey.  

Ethna intentó levantarse, pero no pudo. Intentó hablar, pero tampoco pudo. Ante los ojos atónitos del marido cayó en un profundo trance del que nadie lograba despertarla.  

Su marido llamó a los mejores médicos y pronto acudieron a su alcoba, pero ninguno consiguió dar con la cura. La joven respiraba bien, incluso parecía en paz, pero nunca despertaba. 

Una noche, en un descuido del marido, Ethna desapareció. El joven noble estaba como loco y no paraba de viajar buscándola por todas partes. Un mes después de su desaparición, camino de un pueblo cercano en el que se decía que había un bosque milagroso, escuchó un rumor entre las hojas: 

- Finvarra parece que ha encontrado pareja. Dicen que ha raptado a la joven mortal más hermosa que ha encontrado y que sólo ha dejado su cuerpo. Si su marido supiera que podría liberarla cavando la tierra hacia el interior hasta dar con el palacio de Finvarra, que se esconde en el interior de esta colina, seguro que Finvarra no estaría tan contento como está. 

El marido no podía caber en sí de gozo. Regresó a casa y llamó a algunos amigos suyos. Les contó lo que había oído y les pidió que le ayudaran a rescatar a su esposa. Una hora después cinco hombres cavaban la tierra hasta hacer un enorme agujero. Luego  llegó la noche, y el cansancio, y tuvieron que dejarlo para continuar a la mañana siguiente. Pero la mañana guardaba una sorpresa: la tierra estaba intacta, como si nunca hubieran cavado. De nuevo empezaron los cinco amigos a cavar, y de nuevo llegó la noche, y el cansancio, y descansaron. A la mañana siguiente la tierra volvía a estar intacta, como si nunca nadie hubiera cavado. Todos estaban desanimados, y el marido más triste que ninguno, ¿para qué cavar si no servía de nada? Agotados por el esfuerzo se echaron sobre la hierba para descansar.  Un rumor sonó de nuevo entre las hojas:  

- Finvarra es muy poderoso y puede volver la tierra a su sitio. Pero la sal es aún más poderosa que Finvarra. 

Y el noble tuvo una idea. Pidió a sus amigos que le dieran una nueva oportunidad, y todos cavaron hasta el atardecer. Cuando empezaba a anochecer descansaron y el joven echó sal sobre el agujero. A la mañana siguiente todo estaba como lo habían dejado, con un agujero en la tierra. Esto les alegró y les animó a seguir cavando todo el día. Tres días enteros estuvieron cavando, y cada noche echaban sal. Al cuarto día uno de ellos gritaba: 

- Escucha, aquí ya no hay tierra, golpeo con mi pala y suena como si retumbara, creo que estamos a punto de llegar a su castillo.  

En ese momento una voz grave rugió en la colina, aunque ninguno pudo ver de dónde salía la voz.  

- Deteneos, coged vuestras palas y volved a vuestras casas. Os prometo que si no continuáis cavando, esta noche Ethna regresará a su casa. 

 Los hombres asintieron. Sabían que Finvarra les decía la verdad, porque si una pala humana tocaba con su hierro el palacio, éste se destruiría. 

Todos esperaban que oscureciera. Cuando se puso por fin el último rayo de sol vieron a lo lejos que se aproximaba un caballo. Era Ethna, más hermosa que nunca, más radiante aún que la noche de su boda. Su marido la abrazaba y la besaba, pero Ethna no hablaba, y el joven pensó que sería del cansancio. Pasaron los días, y los meses, y hasta un año, y Ethna seguía sin hablar. Un año y un día después de su regreso, cuando los dos paseaban alegres por el campo, el marido escuchaba un nuevo rumor: 

- Finvarra devolvió a la muchacha, pero se quedó su corazón. En su vestido oculta un pasador encantado que la une todavía a Finvarra. Si logran encontrar el pasador, desatarlo, prenderle fuego y arrojar las cenizas ante su puerta, se romperá el encantamiento y Ethna volverá a ser de nuevo mortal. 

Y así lo hizo. Cuando se hizo de noche y su mujer dormía, miró el vestido de su mujer y encontró escondido entre sus pliegues un hermoso pasador de oro. Le quitó el pasador, le prendió fuego y arrojó las cenizas ante su puerta.  A la mañana siguiente la hermosa Ethna despertó, sonrió a su marido y le dijo: 

- Me siento como si hubiera dormido durante muchísimos meses. 

- ¿Estás bien? - le preguntó su marido. 

- Sí, ¿por qué me miras así de extrañado? 

Había olvidado todo lo que había vivido en el otro mundo. Cuentan que Ethna y su marido siempre fueron felices y que nunca más Ethna volvió a sufrir nada extraño.  

 

No faltan los testimonios que aseguran la existencia del País de las Hadas. Frente a las costas de Gales, cuentan los marineros que existe un reino famoso por sus palacios de cristal, conocido como la Isla de Cristal. Este lugar de gran belleza dicen que sólo se puede apreciar desde los barcos, porque su visión aparece y desaparece entre la niebla. 

 

En muchos relatos la localización queda mucho menos definida. En algunas zonas de Irlanda se asegura que, en ocasiones, una neblina oculta ciertas zonas del bosque y, si uno se fija con atención, puede estar asistiendo a un cortejo de hadas, presenciando su desfile, especialmente algunos días del año, como la Noche de San Juan. Esa noche abundantes testimonios afirman que han presenciado una cabalgata. Primero escucharon las músicas de los festejos, detrás un séquito de caballos pasaba ante sus ojos y, a través de la neblina, veían a estos seres que aparecían y desaparecían, todo rodeado de una luz muy suave. De repente la neblina se disipaba y estas imágenes desaparecían de la misma manera que aparecieron.  

Otros relatos vienen a insistir, sin embargo, en la existencia de un mundo paralelo al nuestro, como si hubiera otro mundo en nuestro propio mundo, pero en otra dimensión. En estas narraciones se cuenta cómo un ser mágico le pide a un mortal que lo siga y éste obedece. Empiezan a cruzar las calles del pueblo, pero de pronto, y ante la sorpresa del mortal, se encuentra en lugar desconocido, en el que nunca había estado antes.  

 

Pero hay un lugar, la Isla de Avalon, donde muchos relatos insisten que se encuentra el País de las Hadas. Avalon, en galés Avallach, significa tierra de las manzanas. En gran cantidad de leyendas célticas, y en especial las artúricas, era una isla mítica. Para los celtas ésta era una isla paradisiaca, sobrenatural, invisible para los ojos de los mortales, donde no había llegado aún la tradición cristiana y en la que los sacerdotes eran especialistas en artes curativas y mágicas. En la isla de Avalon, o isla de las manzanas, no existía el tiempo, la enfermedad, el frío, el sufrimiento o el dolor. 

 Las manzanas simbolizaban la eterna juventud y el lugar que aguardaba a los héroes, por eso éste fue el sitio elegido por el rey Arturo como residencia y al que llegó mortalmente herido antes de morir. También cuenta la tradición que en este lugar se encuentra el cuerpo incorrupto de José de Arimatea, que llegó allí con el Santo Grial. 

 

La isla de Avalon es la isla de las hadas; la isla donde se refugió Morgana huyendo de la corte; la isla en la que se forjó Excalibur, la espada del rey Arturo; la isla en la que vivía Elaine de Corbenic, la madre de Galahad, único caballero que alcanzó la posesión del Grial, y donde también vivía Nínive, encargada de educar a Lanzarote. Allí llegó Arturo mortalmente herido, y allí lo recibieron las tres mujeres, llorosas y vestidas de negro, que le hicieron los honores. Allí, el lugar mítico del País de las Hadas. 

 

Sea este lugar o cualquier otro, las crónicas, relatos y leyendas coinciden en describirlo como un sitio parecido al nuestro, con islas, bosques, mares, lagos, fuentes, colinas, cuevas, pero habitados por seres con apariencia humana con reglas y poderes diferentes. A estos seres con apariencia humana y que no lo eran, coincidieron en llamarlos hadas o ninfas, duendes o elfos, o simplemente “ellos”, y al lugar lo llamaron “El País de la Eterna Juventud”, “el Reino de las Hadas” o “el Otro Mundo”. También contaron que allí descubrieron a humanos, niños y mujeres que habían sido raptados, niños que por curiosidad habían llegado allí, gaiteros que los acompañaban con la música, hombres atraídos por las bellas mujeres.  

            (…)   Son varias las teorías sobre el origen de las hadas, y muy dispares, pero todas coinciden en un punto común: la relación de las hadas con la naturaleza.

 

(…) Para los celtas, que fueron los primeros pueblos que se instalaron en la Europa centro-meridional en torno al siglo V a.C., y para los eslavos, las hadas descienden de los ángeles rebeldes que, cuando fueron arrojadas del cielo, se refugiaron en el mar, en el aire, en los montes y ríos. Los irlandeses lo tienen claro, Dios expulsó a estos ángeles caídos debido a su orgullo (al orgullo de los ángeles, no al de Dios, que quede claro).
 

Otra teoría defiende que las hadas descienden de una antigua tribu nórdica de la Edad de Bronce, que fue vencida y oprimida por los celtas y, tras ser derrotadas, se escondieron en colinas, montes, ríos y cuevas.
 Algunas creencias populares todavía mantienen que estos seres son los más antiguos del planeta, una raza primitiva,  que nacieron antes de que se formaran las montañas o los mares. Cuando se crearon los montes, los árboles, los mares y los ríos, todos anteriores a la creación humana, las hadas se refugiaron en la naturaleza, vieron cómo ésta crecía  y en ella se quedaron. Posteriormente, ante el avance del ser humano, estos seres se ocultaron en cuevas y marismas.
 

Una teoría curiosa viene a relacionar las hadas con los megalitos. Según cuentan los bretones, los Korred, otros habitantes del mundo de las hadas, intervinieron en la construcción de los dólmenes. Los Korred, que tenían una enorme fuerza, acarrearon las enormes piedras a sus espaldas y luego las agruparon en círculos. Luego se escondieron en cuevas bajo esas piedras. En Francia, por ejemplo, entre los nombres con que denominan a los menhires y dólmenes aparecen Roca de las Hadas, Piedra de las Hadas, Gruta de las Hadas, dejando constancia del supuesto origen de los menhires.  A veces culpan a las hadas del desprendimiento de piedras, pues según ellos las hadas las llevan en sus faldas y luego las arrojan, provocando el desprendimiento.
 

Otra teoría sostiene que el origen de las hadas estaba en la antigua Roma, donde tenían poderes proféticos,  y cuando los romanos decidieron conquistar el resto de  Europa las hadas decidieron acompañarlos. A medida que ellos se iban instalando en los distintos pueblos europeos, ellas iban con ellos, y de aquí la coincidencia etimológica entre los distintos pueblos. Algunas teorías sostienen que las hadas no pasaron a Grecia porque ya estaban allí instaladas las dríades y las ninfas, es decir, ya tenían sus propias hadas.

Relacionada con el mundo de los dioses, otra teoría explica que las hadas en su origen fueron antiguas divinidades y héroes que se desvanecieron al instituirse los nuevos dioses. En relación con esta creencia en Irlanda se les trata como si fueran divinidades, ofreciéndoles dones para tenerlas favorables.
Una línea importante apunta que las hadas proceden de los muertos, aunque varía la procedencia del alma.
Para algunos las hadas son almas de los druidas que murieron. Los druidas eran los sacerdotes y los profetas de los antiguos celtas que habitaron la Galia y las islas británicas desde el siglo II a.C. hasta el II d. C. Los druidas estaban muy instruidos en temas como la astrología, la magia y las cualidades de plantes y animales. En Astérix y Obélix el druida era el viejecito con barba que hacía las pócimas con plantas y animales que ayudaba siempre a los galos. Según esta teoría, las hadas son las almas de los druidas, lo que explica su contacto y conocimiento de la naturaleza. Se cuenta también que las Korrigan son nietas de las nueve sagradas druidas femeninas de la antigua Grecia.

Otros pueblos coinciden en relacionar las hadas con la muerte, pero en este caso defienden que las hadas son las almas de los niños muertos que no habían recibido el bautismo. En Cornualles dicen que las almas de estos niños no bautizados se llamaban Piskies y aparecían en el crepúsculo en forma de pequeñas mariposas blancas. Para otros son las almas de los muertos paganos que murieron antes del Cristianismo.
 

Ninguna de estas teorías me convence, aunque me gusta pensar que son las almas de los niños muertos, porque si analizamos su conducta hay muchas coincidencias entre el mundo de las hadas y el de los niños. Pero mi razón me dicta algo diferente:  casi me atrevería a sugerir que las hadas surgen de la necesidad del hombre por no sentirse solo, sobre todo en un mundo desconocido como es la naturaleza. La naturaleza, aunque formamos parte de ella, nos desborda y aturde. Recordemos cómo uno de los sitios preferidos de las historias de terror son los bosques, llenos de sonidos que no conocemos, sombras que se proyectan, luces y reflejos del sol distorsionados, rumor de hojas, y ante este temor el hombre crea sus propias imágenes, inventa sus habitantes y, a la vez que los teme, les pide ayuda.

 

                   LA PALABRA HADA
Al igual que la mayoría de las palabras de nuestra lengua, la palabra “hada” viene del latín. Generalmente se acepta que viene de fatum, en su forma plural fata, que significa oráculo, designando así el destino, el hado, el futuro. De fata a hada no es muy difícil rastrear su evolución. Primero evolucionó la t que, como el resto de las oclusivas sordas (p, t, k), en posición intervocálica cambió a su forma sonora d (b, d, g), quedando  la palabra “fada”.

En los primeros textos medievales en lengua castellana ésta era la forma que aparecía, fada, como confirma el Rimado de Palacio, algunos textos de Juan Ruiz,  el Apolonio, etc. En ellos esta palabra no significaba lo que ahora significa, sino que la palabra fada respondía al significado de “suerte, destino”, más apegado a su origen fatum (oráculo, destino, fatalidad, hado).
 

De fada a hada pasó por la aspiración de la f inicial latina. Más tarde esta aspiración se perdió, quedando así el sonido [ada]. En castellano dejamos signo gráfico de su pérdida poniéndole una h-, para que se supiera que venía de esa f-, aunque ya no sonara. Desde un punto de vista etimológico su evolución sería: fata > fada > hada.
 

 En latín fata, además de oráculo, tenía otro significado, que explica mejor por qué a las hadas se les llama así. Fata era otro modo de llamar a las Parcas. Las Parcas eran divinidades del destino,  tres hermanas a las  que se representaba como hilanderas y que limitaban a su antojo la vida de los hombres. Recibían el apodo de Tria Fata, las tres Hadas (Nona, Decima y Morta). Una presidía el nacimiento, otra el matrimonio y la tercera la muerte. Las Parcas presidían los nacimientos y decidían sobre el destino del niño.
 

Los romanos tomaron la idea de la Tria Fata de las Moiras griegas, de las que adoptaron todas sus características. También eran tres, Cloto, Láquesis y Átropo, y velaban en un palacio cercano al Olimpo por el desarrollo de la vida de los hombres.  En un principio para los griegos todo humano tenía su moira, su parte de vida, de suerte, pero con el tiempo se convirtieron en divinidades, y fue a partir de la epopeya homérica (La Ilíada) cuando quedaron establecidas las tres como reguladoras de nuestras vida: Cloto hilaba, simbolizando el curso de nuestra existencia; Láquesis enrollaba, transcurriendo así la vida del individuo; y cuando Átropo cortaba el hilo acababa nuestra vida.
 

(…)
 

En cuanto a la palabra “hada”, se rastrea un mismo origen en el resto de las lenguas europeas. Todas tomaron la misma raíz para designar a estos seres. Comparten una misma idea y un origen común, lo que nos da una idea de la universalidad de las hadas.
 

La palabra francesa “fée” procede también del latín fatae. Según cuentan por ahí, cuando los romanos decidieron que Roma era poco para ellos y decidieron extenderse por Europa (que por aquellos entonces no se llamaba Europa),  llegaron a las Galias y las llevaron con ellas. La presencia de las hadas es muy importante en el folclore francés. A nuestro país vecino le debemos la primera versión escrita sobre Melusina, una de las hadas más conocida por todas las culturas.
Tiempo después, y ya dominada las Galias, los romanos continuaron su dominio por Europa e invadieron Inglaterra. Cuentan también que tampoco esta vez las olvidaron, y las fées francesas acompañaron a los soldados. Del francés “fée”  surgió por evolución la palabra que usan los ingleses para designarlas. Primero crearon “fay” y posteriormente “fairy”, en plural “fayries”, como se les conoce actualmente. También los ingleses dedicaron muchas páginas a las hadas,  y si no recordemos todo el ciclo artúrico y a Morgan La Fay, que rescató o secuestró, según se interprete, al rey Arturo.
 

No sólo el avance romano es responsable de la extensión de la palabra “hada”, tampoco hay que olvidar el papel relevante que jugaron las Cruzadas en la historia europea. Con las Cruzadas también se introdujeron en Europa las ideas predominantes en Oriente acerca de los seres fantásticos, formando una literatura del Reino de las Hadas que llegó incluso a constituir un género poético especial.
 

El punto de discusión en este aspecto surge en el estudio de la etimología de esta palabra. Algunos defienden que puede provenir de fata, como forma plural neutra de fatum (que al ser neutro recalcaría la esencia etérea de estos seres), mientras que para otros vendría de fatae, recalcando su forma femenina.
Para mí, al margen de esta polémica, lo verdaderamente importante es que viene del latín y que distintas lenguas comparten un mismo origen, creando una especie de unión entre todas las lenguas. De fata o fatae proviene hada en castellano, fata en italiano, en portugués fada, en francés fée, en alemán fee y en inglés fay, más tarde fairy. La tradición no sólo ha mantenido su significado, sino que además compartimos su etimología.
 

En cuanto a su aparición en los textos castellanos, desde los primeros textos medievales se rastrea el significado de “fada”, pero no con el significado actual, sino con el  sentido de “destino”. También se usaba en esta época aplicado a las Parcas, como personificación femenina del Hado. En los libros de caballerías era un término muy usado y, según Corominas, con el sentido de hechiceras. En los libros de caballería las “fadas” eran seres femeninos sobrenaturales que intervenían en la vida de  los hombres. Pues sí, nuestras primeras “fadas” literarias eran hechiceras. En ocasiones, como puede contarnos la hada Morgana, en los textos medievales no estaba tan claro el límite entre las hadas y las brujas.
 

Y aunque hoy en día parece que hemos llegado al acuerdo de que las hadas son buenas y las brujas malas, nuestros lingüistas tampoco parecen tenerlo claro.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define hada como “ser fantástico que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuía poder mágico y el don de adivinar el futuro”. Pero, ¿no son acaso las brujas las que adivinan el futuro?
  Y no son los únicos. La Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa  recoge como segunda acepción de hada el significado de “mujer hechicera que encanta o seduce por su talento, su belleza, su gracia, etc.” Pero, ¿las hechiceras no son las brujas?
 

En la actualidad se ha extendido el uso de la palabra “hada” para designar a un cuento fantástico. Así se denomina “cuento de hadas” a cualquier relato cuyo protagonista sea un ser imaginado.
 

Algunos autores rechazan la palabra “hada” porque se ha convertido en una palabra comodín, es válida para todo. Yo usaré la palabra “hada”, me gusta. Me recuerda el mundo de la infancia, de la fantasía, de las pequeñas bromas y mentiras, como les gusta a estos seres. Otras acepciones como “el mundo féerico” (de fée, hada en francés), “el mundo élfico”, “el Otro Mundo” o “el País de la Eterna Juventud”, no son más que sucedáneos. Yo hablaré del País de las Hadas, de estos seres mágicos, etéreos, femeninos, que viven en un mundo paralelo al nuestro, o incluso en nuestro propio mundo, y que tienen unas características peculiares.                                                            

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No hace mucho tiempo un hada llamada Anfimia fue destinada por Titania (la Reina de las Hadas) a cuidar el Jardín de un viejo hombrecillo que tenia de sobrino a un muchacho guapo, de negros cabellos y muy nostálgico. Su nombre era Damián, y salía todas las tardes con su libro bajo el brazo, hasta avanzadas horas en las noches.
 

En unos de esos momentos el joven alzó la vista para observar los colores que le entregaba el ocaso y al mirar hacia el rosal vio a una bella joven que resplandecía extrañamente por una luz alrededor de su cuerpo, esta trataba de ocultarse entre las ramas para no ser vista.
- ¿Quién eres? –Preguntó el joven …
 

 Ella sorprendida de que la pudiera ver le contestó:
-Mi nombre es Anfimia …
-Y dime Anfimia ¿Qué estabas haciendo escondida en el jardín de mi tío?
 Anfimia no sabía que decir, no podía creer
que un simple mortal como aquel pudiera
tener tan singular belleza.
-  Soy un hada y eh sido destinada a proteger el jardín de tu tío …
 

 Damián sonrió incrédulo, le parecía extraño que ella se escondiese entre los rosales, y con lo que ella le decía mas le costaba creer. De pronto en un giro que hizo la joven, vió unas luces que nacian de sus espaldas. Ella sonriente le dijo:
- Ahora ves que no te miento.
-¿Me puedes leer la mente?-dijo el joven sorprendido
-Tan solo percibirlo –le dijo sonriendo.
 

Así pasaban todas las tardes riendo y conversando, caminando y jugando. Hasta que de pronto Anfimia fue llamada por Titania (la reina de las hadas), tenía algo muy serio que hablarle…
   

 

“Elfos, Gnomos y Duendes te han visto compartiendo con un humano, sobrino del dueño del Jardín del cual te destiné a cuidar, pero hay otra cosa que me preocupa: ¿estas enamorada de este mortal?”
Anfimia, conciente que no podía mentir, le dijo:
-Sí madre mía, es cierto, más cuando me di cuenta de mis sentimientos fue demasiado tarde, y ahora ya no los puedo cambiar.
“Hija mia por más que yo te quiera, esto no lo puedo permitir, tu  sabes que nosotras no nos podemos enamorar de algún mortal y si esto llegase a suceder el castigo ya está escrito…”
 

 

Así Anfimia fue destinada a ser un rayo de luna que tan solo podía acariciar a su amor cuando éste salía llamándola:
- Mi hermosa Anfimia, que te ha pasado, solo me has dejado. Algo extraño me sucede, que durante el día todo está desolado, pero al llegar la noche con la luz de la luna te siento a mi lado.
Y así buscándola entre los rosales de su tío y clavándose en el pecho cada una de las espinas de las rosas repetía su llamado.
 

  Titania viendo el sufrimiento de su hija Anfimia y el gran amor que este joven le tenía, solo pudo permitirles una cosa:
Los enamorados solo se podrían ver con el primer rayo de luna que alumbrase aquel mismo lugar donde por vez primera se inició el amor de estos dos jóvenes amantes.
 

  Y así cada noche se le ve a este amante en el mismo lugar del jardín, junto al rosal esperando el primer rayo de luna. Para poder llenar su corazón de amor con la primera mirada que ella a lo lejos le entrega.
 

Nosotros nada podemos
más que velar
por este amor a través de los años,
    hasta la eternidad …


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